martes, 12 de noviembre de 2013

"Medio y Un Año de Vida" XIII No quiero morir de recuerdos, pero no quiero dejarlos ir

XIII No quiero morir de recuerdos, pero no quiero dejarlos ir


Algo comenzó a pasar entre tú y yo. Algo sin explicación y lleno de magia. Miradas, gestos, mensajitos plasmados en papel.. roces al pasar, tus sonrisas, alguna que otra taza de café. Tu confianza en mí, mi vida en ti.
Ya de tu relación de pareja más nada hube de saber, sin preguntas, sin comentarios, y el día que te pedí no hablar más de ello creo que recién entendiste el mensaje. De mi relación ya nada quedaba más que una insana y fría convivencia, una especie de trato para organizarse mientras cada quien buscaba su espacio y destino, no más que ello….
Estaba generando todo el lugar necesario en mi vida para ti.
Pero de todos modos aún me recordabas a veces lo difícil de quedarte sola, de distanciarte de él… lo importante que te resultaba. Y cada vez que esas palabras rondaban se me iba todo al suelo, olvidaba los detalles y generaba esa distancia que después me reprochabas. Creo que es una de las primeras cosas que aprendí de ti… La indiferencia (pero a mí me dolía)
No quería jamás estar lejos de ti, y sentía a veces que buscabas eso, esa distancia, esa necesidad de pensar, de alejarte, claro..eso que ya crecía en mi estaba naciendo en ti…y lo siento mucho pero a esas alturas era inevitable.
Algo pasó, se abrió un portal dimensional, se conjugaron los planetas, nos conocimos de una vida pasada, que sé yo. Pero debías ser parte de mi vida y yo necesitaba estar en la tuya.

Solía sentarme en el asiento tras de ti en el bus que nos llevaba de vuelta a casa, y ahí jugaba con tu cabello..siempre dejabas la colita por cobre el respaldo porque te molestaba sentir el pelo sobre el cuello, y ahí yo me entretenía jugando con él. Para mi era más que solo eso en verdad, te sentía tan cerca, era como acariciar tu piel, sentir tu aroma..era lo más cerca que hasta ese punto pude estar.
Recuerdo haberte visto sentada un par de veces junto a mi para simplemente conversar, un consejo o simplemente un hombro donde refugiarte… que locura la mía, me hacía un nudo por completo al tenerte tan cerca, que ganas de abrazarte.

Nuestra amistad creció y nuestra cercanía se hizo más y más latente. Recuerdas el tatuaje? Una experiencia para mi intensa, que locura tener un trozo de tu piel desnuda ante mi, no saber como empezar, como tocarte, después de haber hecho tantos me sentía como si nunca lo hubiese hecho o no supiera como, me sudaban las manos, nervios totales…sentir tu piel, dejar una huella en ti…cada vez que me acercaba por algún detalle me perdía en tu aroma. Recuerdo que te miraba y te miraba, cada detalle, cada centímetro…preocupado además de tu preocupación por no manchar tu camiseta blanca, ni que te doliese demasiado.  Llevabas unos ajustados jeans azules, que debo confesar, más nervioso aún me tenían, botines de un pequeño taco, en tono gris, la camiseta antes mencionada y un chalequito gris también, llevabas el pelo suelto lo que me fascinaba (y me fascina), lo recuerdo como si fuese ayer. Siempre te consideré una mujer hermosísima, y estabas ahí, entregando algo de ti a mi, solos…y yo muerto de miedo.

Poco a poco nos acercamos más y más, éramos testigos mudos de nuestro destino, cómplices de nuestro secreto, el que ya todo el mundo veía y nuestras bocas no eran capaces de revelar.

Pero justo en esos momentos que éramos nosotros que simplemente tú y yo vino nuestra primera debacle. Yo debí irme a trabajar en una faena de cliente, se me vino el mundo al suelo cuando me enteré y lo más increíble, pude ver que también a ti te dolía. Fue cruel ese período en que más y más se acercaban los días en que debía irme, iban a ser dos meses, dos eternos meses, no queríamos que ello pasare pero el tiempo suele ser inexorable cuando de pasar se trata y los días se vinieron más pronto de lo que pensábamos y llegó el momento. Recuerdas que solías cantarme “no te vayas, no me dejes.. quédate conmigo” (que ganas de poder cantártelo yo hoy).
Fue triste dicho período, pero encontramos la forma de estar en contacto permanente, y creo que finalmente dicha distancia nos unió. Extrañarnos nos permitió estar más cerca (ojala pensaras igual hoy) y gracias a ello nos permitimos vernos a escondidas. Juntarnos después del trabajo casi a escondidas. Recuerdas cuándo te esperaba a la bajada del bus, por ahí escondidito?

Tantas veces, tantas tardes, tantas caminatas solo para conversar y acompañarnos un ratito mientras íbamos a casa, con el confidente Roro, de quien hace un tiempo ya nada sé. Tantas sonrisas que te robé que recuerdo como si hubiesen sido ayer,  y las guardo como un gran tesoro dentro de mí. (Que ganas de verte reír una vez más)


No hay comentarios:

Publicar un comentario