XIII No quiero morir de recuerdos, pero
no quiero dejarlos ir
Algo comenzó a pasar entre tú
y yo. Algo sin explicación y lleno de magia. Miradas, gestos, mensajitos
plasmados en papel.. roces al pasar, tus sonrisas, alguna que otra taza de
café. Tu confianza en mí, mi vida en ti.
Ya de tu relación de pareja
más nada hube de saber, sin preguntas, sin comentarios, y el día que te pedí no
hablar más de ello creo que recién entendiste el mensaje. De mi relación ya
nada quedaba más que una insana y fría convivencia, una especie de trato para
organizarse mientras cada quien buscaba su espacio y destino, no más que ello….
Estaba generando todo el
lugar necesario en mi vida para ti.
Pero de todos modos aún me
recordabas a veces lo difícil de quedarte sola, de distanciarte de él… lo
importante que te resultaba. Y cada vez que esas palabras rondaban se me iba
todo al suelo, olvidaba los detalles y generaba esa distancia que después me
reprochabas. Creo que es una de las primeras cosas que aprendí de ti… La
indiferencia (pero a mí me dolía)
No quería jamás estar lejos
de ti, y sentía a veces que buscabas eso, esa distancia, esa necesidad de
pensar, de alejarte, claro..eso que ya crecía en mi estaba naciendo en ti…y lo
siento mucho pero a esas alturas era inevitable.
Algo pasó, se abrió un portal
dimensional, se conjugaron los planetas, nos conocimos de una vida pasada, que
sé yo. Pero debías ser parte de mi vida y yo necesitaba estar en la tuya.
Solía sentarme en el asiento
tras de ti en el bus que nos llevaba de vuelta a casa, y ahí jugaba con tu
cabello..siempre dejabas la colita por cobre el respaldo porque te molestaba
sentir el pelo sobre el cuello, y ahí yo me entretenía jugando con él. Para mi
era más que solo eso en verdad, te sentía tan cerca, era como acariciar tu
piel, sentir tu aroma..era lo más cerca que hasta ese punto pude estar.
Recuerdo haberte visto
sentada un par de veces junto a mi para simplemente conversar, un consejo o
simplemente un hombro donde refugiarte… que locura la mía, me hacía un nudo por
completo al tenerte tan cerca, que ganas de abrazarte.
Nuestra amistad creció y
nuestra cercanía se hizo más y más latente. Recuerdas el tatuaje? Una
experiencia para mi intensa, que locura tener un trozo de tu piel desnuda ante
mi, no saber como empezar, como tocarte, después de haber hecho tantos me
sentía como si nunca lo hubiese hecho o no supiera como, me sudaban las manos,
nervios totales…sentir tu piel, dejar una huella en ti…cada vez que me acercaba
por algún detalle me perdía en tu aroma. Recuerdo que te miraba y te miraba,
cada detalle, cada centímetro…preocupado además de tu preocupación por no
manchar tu camiseta blanca, ni que te doliese demasiado. Llevabas unos ajustados jeans azules, que debo
confesar, más nervioso aún me tenían, botines de un pequeño taco, en tono gris,
la camiseta antes mencionada y un chalequito gris también, llevabas el pelo
suelto lo que me fascinaba (y me fascina), lo recuerdo como si fuese ayer.
Siempre te consideré una mujer hermosísima, y estabas ahí, entregando algo de
ti a mi, solos…y yo muerto de miedo.
Poco a poco nos acercamos más
y más, éramos testigos mudos de nuestro destino, cómplices de nuestro secreto,
el que ya todo el mundo veía y nuestras bocas no eran capaces de revelar.
Pero justo en esos
momentos que éramos nosotros que simplemente tú y yo vino nuestra primera
debacle. Yo debí irme a trabajar en una faena de cliente, se me vino el mundo
al suelo cuando me enteré y lo más increíble, pude ver que también a ti te
dolía. Fue cruel ese período en que más y más se acercaban los días en que
debía irme, iban a ser dos meses, dos eternos meses, no queríamos que ello
pasare pero el tiempo suele ser inexorable cuando de pasar se trata y los días
se vinieron más pronto de lo que pensábamos y llegó el momento. Recuerdas que
solías cantarme “no te vayas, no me dejes.. quédate conmigo” (que ganas de
poder cantártelo yo hoy).
Fue triste dicho
período, pero encontramos la forma de estar en contacto permanente, y creo que
finalmente dicha distancia nos unió. Extrañarnos nos permitió estar más cerca
(ojala pensaras igual hoy) y gracias a ello nos permitimos vernos a escondidas.
Juntarnos después del trabajo casi a escondidas. Recuerdas cuándo te esperaba a
la bajada del bus, por ahí escondidito?
Tantas veces, tantas tardes,
tantas caminatas solo para conversar y acompañarnos un ratito mientras íbamos a
casa, con el confidente Roro, de quien hace un tiempo ya nada sé. Tantas
sonrisas que te robé que recuerdo como si hubiesen sido ayer, y las guardo como un gran tesoro dentro de mí.
(Que ganas de verte reír una vez más)
No hay comentarios:
Publicar un comentario