miércoles, 23 de octubre de 2013

"Medio y un año de vida" VII Imágenes de la media edad

VII Imágenes de la media edad

No se en que momento todo cambió, quizá el haber encontrado dichoso documento hizo que las cosas fuesen más comprensibles para mi y mi hermana, y a su vez le haya sacado un peso de encima a la atribulada cabeza de mi viejo. Además del hecho que a esas alturas ya había conocido a una persona que finalmente dejaría una enorme huella en mi vida. La primera mujer que reconocí como mamá era hija de obrero y dueña de casa, gente de campo, de sur…esa clase de personas que exuda amor y cariño por cada por del cuerpo y que con capaces de recomponer el día con solo un gesto, un abrazo o una mirada. Así eran ella, sus padres y su familia. Amor incondicional, ese que llevaba toda una vida buscando y necesitando.
Ella llegó al seno de mi familia por esas simples casualidades de la vida, mi viejo al principio trato de aparentar la vida perfecta, recuerdo que nos decía como actuar, que decir o que hacer para dar una buena impresión, toda una artimaña muy bien planeada para su conquista. No contaba que ella caería primero de amor ante la timidez de mi hermana y la necesidad afectiva de mi (solía pasar pegado a sus faldas). El cariño y cuidado que nos profesaba era inmenso, y como un libro abierto nos dejó ser parte de sus páginas y escribir un capítulo en su historia, nos acogió en el seno de su familia que a la larga sería la única que podría conocer y considerar como tan el todo el trayecto de mi vida, primos, primas, tíos, tías por doquier…hasta el día de hoy recibo una que otra comunicación con el afán único de saber de mí… aprendí con el tiempo a ser tan solo y distante que a veces ni siquiera me doy el tiempo de elaborar una respuesta, por simple que ello sea y me odio por ello..y con ello odio a unos cuantos también.
Ella llegó para plantearnos una vida perfecta, y enseñarnos a vivirla… nunca había llegado a casa y había encontrado comidita preparada, calientita y la mesa servida…o la ropa lista para el colegio, el desayuno por las mañanas y un beso de despedida al umbral de la puerta… Sus regaloneos culinarios con tanta delicia sureña que solía preparar… me mataba con los alfajores (solía levantarme en silencio por las noches y llevarme alguno a la cama), kuchenes, pasteles, tortas…se me hace agua la boca.
Todo era perfecto hasta que mi viejo se dio a conocer tal cual. Comenzaron los problemas, las salidas sin regreso con los amigos, las llegadas borracho y las peleas de por medio, pero algo había cambiado…estaba ella y ya no podía levantarme la mano por que sí. Ella se convirtió en el muro que separaba el odio y los rencores de mi viejo con mi mundo de niño, que comenzaba a conocer. Recuerdo la primera ocasión que mi viejo logró ponerme la mano encima en su presencia (en realidad la correa) ella me tomó del brazo, me llevo a la pieza, empacamos ropa y nos fuimos donde sus padres, por mas de una semana en que veía a mi viejo por la ventana del segundo piso, parado ahí en la calle por las tardes “sufriendo” y suplicando que volviéramos. Eso me generaba cierto morbo, hasta casi podría decir que me gustaba. Ella cedió siempre. Pero no sin condiciones e ir generando cambios. Se fueron acabando las saliditas y aumentaron las responsabilidades. Hizo cambiar los golpes por la indiferencia hacia a mi y lo prefería, de todos modos me importaba nada saber de él. Y así, fui conociendo el amor de una mamá, con todas sus letras. Solíamos irnos a la cama antes de la llegada de mi viejo y llegué a pasar 15 días sin verlo…demasiado contento. Y el tiempo trajo a nosotros a otra media hermanita, cuando mamá quedó embarazada. No sabía que pensar, estaba feliz pero a su vez preocupado, no fuese ello a generar más stress? No fuesen a cambiar las cosas? Solo había que esperar.
Todo resultó para mejor, ese fue su regalito mimado, y con ello al parecer también aprendió el valor de la familia y podría decir que hasta casí intentó acercarse a nosotros, a esas alturas ya tarde porque mi vieja había logrado generar la instancia para que nos viniésemos a Santiago de forma definitiva, pasando por sobre lo que decidiese mi viejo o su pareja, sin importar nada, al perecer a esas alturas recién vino a enterarse lo que estaba viviendo su hijito, al que por años no le creyó las historias de maltratos, eran fantasías mías (y por años siguieron así). Y para ser franco, como iban hasta ahí las cosas, quizá fue la peor decisión.
a lluvia, había que estar encerrado en la casa y viéndonos las caras, poniéndole sonrisitas a las mamis mientras el viejo chupaba sentado en el living, no había más opción (o mejor opción) que irse temprano a la cama, mal que mal era mejor dormir un rato mientras algo de sobriedad le quedaba, puesto que luego vendrían las peleas y los gritos y podías ser levantado “de una oreja” sin razón…sólo por diversión. Si tenía suerte se iría a la cantina con lo que podría haber más descanso, eso hacía que el show comenzara más tarde nada más.

Este espectáculo se repitió una y mil veces, una y mil noches…sin parar.





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