miércoles, 23 de octubre de 2013

"Medio y un año de vida" IV El José

IV El José


Por aquel tiempo conocí a un personaje gigante en corazón pero pequeñito en tamaño…el José. Nada más que eso…el José. Me llamaba la atención porque iba en mi curso y se sentaba al rincón, lejos de todos. Bueno, para ser correcto eran todos los que se apartaban de él por que siempre iba desaseado, desordenado, con ropas rotas y sus cuadernos en la mano.
Me intrigaba su soledad, su distancia, a veces parecía un niño lobo, de esos de las películas que cuando te acercas se pone en alerta, listo para atacar.
Varias veces en los recreos trataba de estar en los mismos lugares e intentar hablarle pero al ver invadido su territorio, refunfuñaba, hacía gestos y buscaba otro lugar…
Creo que esto se repitió durante todo el primer trimestre….
Recuerdo que un día invadí su lugar favorito, bajo el alero del techo de una leñera que había en el patio del colegio, yo con mi tazón de leche caliente y galletas bajo el techo mientras llovía torrencialmente … de repente aparece por un costado corriendo a refugiarse sin notar que estaba yo ahí… al verme y ver su lugar favorito invadido, sus ojos se llenaron de fuego y lo invadió una ira silenciosa… dio algunos pasos para apartarse como si contara la cantidad de pasos a la que debía estar del resto del mundo y el cálculo no le convino porque quedó parado ahí, a un par de metros de mi pero bajo la lluvia, el alerón del techo no lo alcanzaba a cubrir… y a esa pequeña distancia, con sus escasas ropas me miraba, parado bajo la lluvia mientras yo, bajo el techo, abrigado con mi tazón de leche y mis galletas…. Sentí una pena, frustración, rabia tan grandes que no se me ocurrió nada mejor que gritarle si acaso era huevón!!! Me quité la parka y la dejé en el suelo, al lado el tazón de leche y las galletas…y me fui de ahí….sin mirar atrás, caminando bajo la lluvia. Le devolví su territorio y dejé ofrendas por mi osada invasión.
No volvió a la sala de clases esa tarde, debió arrancarse (se solía hacer allá) y no le volví a ver el resto de la jornada.
A la mañana siguiente, sobre mi silla mi parka, recién lavada y perfumada. Sobre mi mesa, mi tazón plástico, limpio y con algunos caramelos dentro. Bajo el una nota, con una letra poco legible, casi de niño de kinder (íbamos en séptimo) que rezaba “gracias”.
Así nació una amistad que me acompañó por mucho tiempo y fue en parte un refugio a la miserable vida que yo creía llevar….
José poco a poco se me fue acercando, muy tímidamente, solíamos sentarnos y compartir la colación, mirando el horizonte y casi sin decir palabras. Solía darle mis almuerzos y colaciones porque normalmente no llevaba nada para comer. La hora de la leche en el colegio era mi alivio para el hambre que pasaba en el día por darle mis alimentos pero en realidad, a veces con el alma llena se apocan otras sensaciones.
No le gustaba hablar de la familia, de la casa, era un tema casi tabú para él…un día sentados a partir de nada me puse a contarle mi vida hasta ese punto, uno se imagina que si vida es lo peor cuando no conoce otras realidades y puede que sea así, pero nos acostumbramos a nuestras realidades que cualquiera que parezca distinta y cruda nos va a resultar peor. En aquel tiempo mi vida era la peor del mundo hasta que conocí la realidad del José, ahora ya grande ratifico, la mía era la peor.
José vivía con su mamá y dos hermanas pequeñas en una mediagua. La mamá tenía una enfermedad a la espalda y no podía trabajar por lo que recibía una pensión, que de todos modos era insuficiente, por lo que el José en las tardes trabajaba en lo que se presentase.
Changuitas le llamaban en el sur a esos trabajitos esporádicos.
Para matar mis tardes comencé a acompañarlo en esas aventuras, salíamos a recorrer las calles, lloviera o hiciese frío, no habían peros porque de ello dependía la comida o el abrigo en la casa. Los días que no habían changuitas y no había lluvias era la oportunidad propicia para ir al vertedero municipal a escarbar la basura. Era una aventura increíble para nosotros, jamás se podrían imaginar la cantidad de cosas que ahí se pueden hallar, ropa, muebles, electrodomésticos, juguetes, peletería, y gratis!! Un verdadero paraíso para un niño!
Los trabajos habituales eran empaquetar en el súper o llevar los carritos, pintar casas en el barrio cuico de Nestlé, cortar pasto, limpiar jardines o lo que mejor pagado, para los días de lluvia nos uniformábamos con bolsas de basura y partíamos a seguir los camiones que repartían leña. Éstos típico dejaban la leña afuera de las casas y para evitar que se “pasaran de agua” necesitaban entrarla rápido a los lugares destinados para ello y ahí estábamos nosotros para cumplir la tarea. Podíamos hacer varias de éstas pegas una tarde de lluvia y nos daba buen recaudo. Lo que nunca supo José es que jamás me quedé con un peso de ello, le dejaba todo a escondidas a la mamá.
Ya más afianzada la amistad el José comenzó a aceptar regalos. Mi vieja me mandaba en las encomiendas a veces ropa y juguetes que podía yo no necesitar, además que cuando guardaba cosas nuevas solían desaparecer por arte de magia, por lo que comencé a regalarle ropa y juguetes, nunca me voy a olvidar como brillaban esos ojos cuando recibió a He-Man, nuevo, en cajita, su superhéroe favorito (estuvo en la caja por casi un año y por las tardes a veces cuando estaba en la casa simplemente lo miraba y sonreía). Era una personita muy especial. Ya trabajando los dos, y como yo tenía mayos personalidad y poder de la palabra que él pudimos conseguirnos hartas changuitas, y buenas por lo que en su casa ya alcanzaba para ir al supermercado y llegar a lo menos con tres bolsas llenas, que alegría en ese hogar.
Nuestra mayor aventura fue producto de una gestión huevona de parte mía en que pasé por fuera de la cancha municipal y ví que el pasto estaba largo y en mi afán de ocupar el tiempo y generar lucas me acerqué a un tipo al parecer administrador y me ofrecí para cortar el pasto de la cancha….Sip, esa fabulosa idea tuve. Sábado, seis y media de la mañana, dos máquinas de cortar pasto y ambos al pie de la cancha…. Esa si que era pega y le pusimos el esfuerzo no más, ya estábamos ahí. Lo bueno es que el administrador se portó súper, nos llevó sándwiches juguito e incluso puso a una tercera persona para ayudarnos con la basura. Nos pagaron como veinte lucas de hoy, para dos niños era ser millonarios!!! Recuerdo que nos compramos unas empanaditas y nos fuimos al cerro. Éste era un lugar genial, un cerro del alto del santa lucia que coronaba la ciudad, el paisaje desde ahí era increíble y más aún después de un día de lluvia era un parque de diversiones. Como llevábamos un par de bolsas de basura de nuestro trabajo aprovechamos las pronunciadas bajadas de pasto mojado para jugar con nuestros improvisados trineos…todos mojados, embarrados pero felices como nadie con algo tan simple…antes la vida era así, uno podía ser feliz con cosas simples. Algo nos pasó en el camino…algo llamado vida.
El fin de esa aventura es una de las cicatrices que llevo en la piel, a veces es bueno recordar eso de “quien mucho rie, pronto llora”. Se nos hizo tarde jugando en el cerro y tuvimos la fortuna de que nos pilló la lluvia en el andar. Embarrados, mojados, sucios..pero con los ojos llenos de vida y alegría, la gente nos miraba con cara de pocas cosas, y nosotros veíamos en sus caras lo poca cosa que habían de sentirse tras sus grises semblantes, sus cabizbajos rostros, esos paraguas que les coartaban la posibilidad de sentir las gotas de lluvia correr por la piel….
Llegué a casa y entré por el patio trasero que daba a mi pieza y así evitar que me viesen en tan situación, pero él estaba junto a la ventana del patio, una cerveza en una mano y como por arte de magia apareció una varilla de mimbre en la otra…. Casi no le ví venir, fue un ruido fuerte y ya estaba casi encima mío, gritos, varillazos varios y a la ducha, con agua fría…. Ahí en esa soledad, bajo el agua fría bañaba mi culpa, mi culpa por sonreír , por correr, por ensuciarme, por jugar… a final de cuentas era un niño..nada más.
De repente siento la puerta abrirse de golpe y una presión sobre mi brazo que me sacó disparado de ahí, dos tirones y me veo desnudo en el patio con un frío que solo el sur sabe entregar…. En el patio había un bote dado vuelta que se encontraba en reparación, lo vi de inmediato por que en caso de cualquier cosa, y si debía huir iba a ser mi refugio… De repente sentí un fuego intenso en mi espalda y siento como vuelan los dos trozos de la varilla por mis costados…ésta se partió de golpe contra mi espalda, y el dolor, mezclado con el frío fue tan intenso que ni siquiera fui capaz de moverme, inmóvil, desnudo, en silencio, solo sentí una lágrima que caía tibia por mi cara… Y así vinieron dos, tres, cuatro varillazos más sobre mi espalda y seguía inmóvil, cualquier gesto o reacción podía ser peor..si es que a esas alturas había alguna sensación peor. De repente siento un brutal varillazo a mitad de mis piernas que me hizo caer de rodillas al suelo, luego el silencio, sus pasos se alejan, se cierra la puerta por dentro y se apaga la luz. Y ahí quedé, de rodillas, en silencio….a gatas me arrastré como pude a mi refugio, a ver si ahora me podía ayudar en algo y ahí desahogué en silencio toda mi ira…hasta dormirme, desnudo, bajo la fría noche del sur….
Durante una semana no fui al colegio ni menos podía ver a alguien… me escondía como ratón de biblioteca con mis libros en el entretecho de la casa, y leía las tardes completas…
Del José no supe más por mucho tiempo, de uno de nuestros trabajitos rescatamos el hecho que una hermana de una señora de muy bien haber necesitaba una asesora puertas adentro para una casona de campo, y si tenía hijos mejor para que le ayuden en las tareas y se fueron…
A José lo ví muchos años después, irónicamente iba pasando por la que fuese antiguamente su casa, y yo parado en la vereda. No me reconoció, pero yo sí, iba muy bien vestido, con reloj notoriamente caro, zapatos brillantes, abrigo obscuro… mirando con desprecio al pobre y sucio que por su lado pasaba… a veces la vida no enseña, pero hubiese bastado que le hablase para darle un remezón…. Para qué? Siempre quiso vivir la vida de los del barrio cuico…. Me alegro por ti, amigo.  










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