V Sigo encontrando preguntas, más no respuestas
Esas eternas tardes de ratoncito de biblioteca se me hicieron
una costumbre necesaria, devoraba libros a la luz de mi lamparita artesanal,
creada por mí para ese espacio solo mío. Había que ser acróbata para llegar al
entretecho por ende era un lugar destinado solo para mí. Ahí llegué a guardar
cajas de libros, mi mamá en sus encomiendas siempre añadía libros los que
automáticamente iban a parar a mi refugio.
Había dos cajas que nunca escudriñaba, mal que mal tenía
demasiados libros para entretenerme. Una caja eran libros heredados de mi
abuelo paterno, su colección de Selecciones del Readers Digest, que me
encantaban. Y la otra, con cosas de mi viejo, revistas Topaze, el Adiós Al Séptimo
De Línea completo y otras cosas de soldados e historia. Ahí hallé una edición
de la historia de Chile que simulaba un diario, muy entretenida para mi, por lo
que me quedé pegado a la lectura de ella. Después de un par de día pasando sus
páginas aparece un documento notarial, de lo que entonces mucho no entendía y
comencé a leer…si no hubiese antes leído el Quijote quizá no hubiese entendido
nada de ese peculiar lenguaje, pero si, lo entendía. Era un acta de nulidad de
matrimonio, la de mis padres.
No pude más que esperar la llegada de mi padre al final del
día, inundado en rabia, lleno de dolor al punto de quebrarme por completo, necesitaba
una explicación, un por qué??
Llegado el momento, entra por la puerta y me paro decidido
frente a él, con el papel en la mano, me mira y lo levanto cerca de su rostro
para que lo vea… Me mira, alza la mano y me da una cachetada que me dejó en el
suelo…tomó el papel, lo echó al fuego de la cocina a leña, y siguió hacia su
pieza…mientras me decía : “no te metas en huevadas”… Me di el lujo de escupir
la sangre de esa cachetada sobre una de sus vestimentas de trabajo. Sin más.
Nunca recibí una explicación.
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