II Flashazos de infancia
Tengo aún como vivencias de ayer, imágenes nítidas y claras
en mi cabeza de algunas situaciones de niño, son las menos pero creo haber
tenido una niñez dulce, por lo menos así lo muestran algunas fotos que andan
por ahí, de lo que fue mi familia cuando existió como tal… recuerdo los higos
que caían del árbol que estaba en la casa de mi tio Claudio, cuando en las
tardes corríamos por el amplio jardín mientras mi abuela preparaba esas comidas
de abuela que te llaman con el solo aroma. Recuerdo la costumbre de mi abuelo
que cada vez que uno iba a la casa marcaba con una rayita en la pared el como
iban creciendo sus nietos…siempre la lucha fue entre el toño y yo que éramos
los más altos. Quién no tuvo un autito de pedales? De esos de latón con los que
uno creía que podía correr grandes distancias y se soñaba en grandes carreras,
a quién no se le ocurrió tirarse por las escaleras del edificio en su
autito….no? Fui el único pelotudo que se sacó la cresta de tan increíble
manera? Recuerdo el san bernardo de mi tia Norma, el perro era como dos veces
más alto que yo y tenía la costumbre de pasar a mi lado y darme empellones
hasta botarme, para luego echarse sobre y
dejarme inmóvil, ello solo hasta que aprendí a cabalgar sobre él…
Tengo también como una “aventura” infantil haber estado
jugando en el balcón del edificio, luces apagadas un día por la tarde/noche
cuando una patrulla militar notó mi sospechosa presencia, quizá debí verme muy
extremista a mis cinco o seis años, con jardinera roja y zapatillas norstar que
no se les ocurrió mejor forma de amedrentar que abrir fuego sobre el edificio y
“alguien” se lanzó sobre mi y me azotó contra el suelo para evitar los
disparos….punta y codo para adentro después.
Me encantaba recuerdo ir a la imprenta de Don Lucho en La Obra , a mi que me gustaba
dibujar y ahí siempre sobraban papeles gigantes para rayar por horas, apenas me
veían llegar corrían los papeles y lápices para el pequeño artista ( a lo mejor
era para dejarme tranquilo y que no hinchara mientras los viejos escuchaban las
carreras de caballos y tomaban cervezas)
Me acuerdo que en el living de mi abuela estaba el famoso
cuadro del niño llorón, le tenía miedo a esa “cosa” que siempre, donde te
movieras o desde donde le mirases estaba con la mirada fija en ti….A lo mejor
él me poseyó cuando di vuelta un tarro de leche en la cama de mi abuela (con lo
costosa y difícil de conseguir que era), o cuando se me ocurrió hacer guerra de
talco con el “curifor”(primo) en la pieza, recuerdo que inflábamos esas
bolsitas de talco (las de tapita azul) y luego las apretabas y salía como las
actuales máquinas de humo…todavía me duele el poto de tanto que nos pegaron…
Quizá también fue cosa del dichoso cuadro que una vez
recuerdo haber visto a mi abuela pegarle a mi vieja y tomé un bowl (esos que
eran como verdes de loza con un manguito negro)
y se lo dejé de sombrero a mi abuela…casi me eché a la vieja.
Por si no lo notan hasta acá los recuerdos se vuelve
violentos y paf! Todo borrado por años, por lo menos hasta que comencé a
hacerme cargo un poco de mi vida por la razón o la fuerza…en realidad por la
fuerza no más, de razón nunca hubo mucho.
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