VI Una Breve Pausa
A contar de ello comencé, a lo menos a tener la instancia de
poder visitar a mi familia todos los veranos durante el período de vacaciones,
sin peros ni excusas. Ahí comprendí quien era ese amigo que me llevaba a veces
en enormes camionetas a trabajar fuera de Santiago a modo de paseo, o que los
fines de semana por las mañanas me llevaba en bicicleta a la lechería por leche
fresca, o con quien solíamos pasar tardes enteras sobre la cama jugando
Atari…todo ello, pequeños recuerdos que aparecen a medida que voy redactando
estas líneas, son recuerdos difusos en el tiempo, entre mis ires y venires a la
capital… Ese mismo hombrecito es el papá de tres medio hermanas en la
actualidad, y alguien que a pesar de grandes caídas hoy por hoy se que es capaz
de darme un golpecito en la espalda y decirme que siga adelante, tengo tanto
recuerdo vagando en la memoria, tanto que prefiero solo dejar ahí, no vale la
pena a veces hacer tanta mención de tanto detalle, prefiero no transformar esto
en relato de dolor y tortura… tan solo en un conjunto de vivencias de las que
hay algo por rescatar…
ubiese entendido
nada de ese peculiar lenguaje, pero si, lo entendía. Era un acta de nulidad de
matrimonio, la de mis padres.
No pude más que esperar la llegada de mi padre al final del
día, inundado en rabia, lleno de dolor al punto de quebrarme por completo, necesitaba
una explicación, un por qué??
Llegado el momento, entra por la puerta y me paro decidido
frente a él, con el papel en la mano, me mira y lo levanto cerca de su rostro
para que lo vea… Me mira, alza la mano y me da una cachetada que me dejó en el
suelo…tomó el papel, lo echó al fuego de la cocina a leña, y siguió hacia su
pieza…mientras me decía : “no te metas en huevadas”… Me di el lujo de escupir
la sangre de esa cachetada sobre una de sus vestimentas de trabajo. Sin más.
Nunca recibí una explicación.
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